viernes, 3 de octubre de 2014

Los food trucks piden pista

El fenómeno gastronómico que copa las calles de otras ciudades del mundo y la pantalla de los canales gourmet intenta avanzar en Buenos Aires, pero está a la espera de que una ley local les permita ofrecer sus cartas en cualquier punto de la vía pública.


El fenómeno gastronómico que copa las calles de otras ciudades del mundo y la pantalla de los canales gourmet intenta avanzar en Buenos Aires, pero está a la espera de que una ley local les permita ofrecer sus cartas en cualquier punto de la vía pública


Por Daniela Belén Blanco



Barrio de casas pulcras, asfalto reluciente. Por el horizonte, una cancioncita melindrosa anuncia la llegada del venerado camión de helados. Allí chicos y adultos se abarrotan en busca del objeto deseado. Nosotros, argentinos, desde el otro lado de la pantalla, colonizados por el dios capitalista del cable, deseamos con gula gastronómica que esa escena de película yanqui alguna vez transcurra en la puerta de nuestra casa de Villa del Parque. Y dios, que sabe hacer negocios, nos escucha: los famosos food trucks, o carritos de comida móviles, aterrizaron en Buenos Aires.

La tradición de este fenómeno cuenta con una larga trayectoria en algunos países, especialmenteen Estados Unidos. Allí, el primer carrito se estableció en 1861 de la mano de Charles Goodnight, un granjero texano que montó en un vagón un horno sueco, sartenes de hierro con patas, una mesa de trabajo, utensilios y comida para acompañar a los ganaderos cuando transportaban el ganado de un lado a otro. Para el término de la Segunda Guerra, los carritos evolucionaron en forma de camiones, y para los años cincuenta, se convirtieron en moneda corriente en ferias y parques de atracciones. Lo que los caracterizaba era el menú: panchos, sándwiches, pretzels, helados y gaseosas. Fast food. Los años pasaron sin sobresaltos para los food trucks, hasta que la fuerte crisis económica de 2008 se hizo escuchar. Así fue como unos cuantos chefs de los restaurantes más exclusivos vieron en el carrito de comida una excelente inversión. Una más asequible que pagar un alquiler o afrontar los gastos para abrir un restaurante.

Esta nueva generación de carritos se destaca no solo por menús gourmet más variados, sino por ser parte esencial de una cultura gastronómica que tiene las redes sociales y la televisión como sus principales promotoras: si prendés la tele, podés ver programas como Food Truck Revolution, Food Truck Wars y The Great Food Truck Race, en los que los dueños de los carros compiten entre sí.

El fenómeno gastronómico que copa las calles de otras ciudades del mundo y la pantalla de los canales gourmet intenta avanzar en Buenos Aires, pero está a la espera de que una ley local les permita ofrecer sus cartas en cualquier punto de la vía pública



El antecedente porteño más cercano podrían ser los carritos de la Costanera, con la diferencia de que no son móviles y de que la oferta se limita al choripán, la bondiola, el lomito y afines. Recién en 2011 algunas personas -muchos vinculados a la gastronomía, otros no- decidieron embarcarse en los primeros emprendimientos de food trucks gourmet. Lo curioso es que lo hicieron de manera simultánea y sin conocerse, como si una corriente gastronómica subterránea los hubiera convocado. Así surgieron emprendimientos comoBon Bouquet, Coffee Avenue, Hollywood Dogs, Morfa, Manduca Food Trucks y Nómade Comida Rica. Todos con la intención de que su carrito pudiera abrir en distintos barrios y entregar un producto sano, de calidad, a bajo costo, con la posibilidad de ser consumido en la calle. Las propuestas van desde ceviche, sándwiches veggies, crêpes y panchos, hasta jugos de vegetales y frutas, y cafés y lattes saborizados.

Y si bien una ciudad con carros de comida deliciosa sería el sueño del oficinista o el transeúnte urbano, los que iniciaron este emprendimiento todavía cuentan con una traba legal y solo pueden operar en eventos (como la Feria Masticar) o sitios privados.

La Ley 1166/03 de venta de alimentos en la vía pública de la Ciudad de Buenos Aires no los ampara, porque solo permite que se vendan golosinas, productos de confitería, sándwiches fríos envasados en origen y sándwiches calientes. "Si vos querés vender una manzana o un jugo de naranja, está prohibido. Y, por otro lado, existen campañas oficiales de alimentación sana. ¿No hay una contradicción en ese punto?", se pregunta Ernesto Lanusse, hijo de Dolli Irigoyen y dueño de Nómade, food truck que ofrece sándwiches gourmet y bocadillos. Y vaticina: "Todos compartimos el deseo de llegar a la vía pública, pero si no nos dan lugar, vamos a desaparecer". Alejo Pérez Zarlenga, de Hollywood Dogs, coincide: "El contrasentido es evidente: Buenos Aires Market -la feria de alimentos saludables que organiza el Gobierno de la Ciudad- es una inversión muy grande con la idea de que la gente coma mejor. Y, cuando esa gente sale a la calle, no encuentra esa oferta porque no existe".

La respuesta de los dueños de carritos fue agruparse en la Asociación Argentina de Food Trucks (AAFT) para luchar juntos por una ley que los contemple. Hasta ahora, su futuro permanece incierto. En los últimos meses de 2013, el gobierno de Mauricio Macri convocó, curiosamente, a los food truckers para distintos eventos y charlas como la del Día del Emprendedor en el Konex. Aun así, no hay indicios de que en los meses venideros se promulgue o se modifique la ley. "Mientras, lo nuestro sigue siendo una apuesta que nos cuesta mucho dinero, tiempo y paciencia", se lamenta Lucas Álvarez de Manduca Food Trucks. Miguel Georgalos, de la AAFT, hace foco en la oportunidad del contexto actual tanto económico como cultural: "Creemos que los food trucks pueden ser un buen mecanismo para emprendedores gastronómicos sin posibilidad de acceder a un restaurante. Es bueno que se desarrolle esta oferta, porque la demanda está latente. Hay muy buena aceptación. El desafío nuestro es lograr que se convierta en una costumbre cotidiana y que la gente confíe más en comer en la calle".

Mientras tanto, habrá que seguir a los muchachos vía Facebook o Twitter e ir a los eventos, o imaginar cuán rico está eso que se come del otro lado de la pantalla a miles de kilómetros de acá.

Seguí los food trucks

Hollywood Dogs. Surgió con la idea de revolucionar un mercado algo devaluado en tiempos de comida sana. Inspirados en Pinks, un local de California, Alejo Pérez Zarlenga y Santiago Sabaté decidieron apostar por los panchos como elección y no como descarte. Su especialidad es el chili dog, compuesto por una salchicha de carne vacuna, con salsa a base de solomillo y cuadril, y mostaza especial traída de Los Ángeles. El puesto es atendido por sus dueños.

Morfa. "Comida para cada momento de tu día, para cada día de tu vida", así se define Morfa, el food truck atendido por sus dueños, Martín Mac Donell y Pablo Erli. Van a todo tipo de eventos, desde los más masivos hasta cumpleaños. Cuentan con una amplia carta de sandwichería gourmet, pasando por crepería francesa dulce y salada, y el famoso queso brûlée. El plato insignia es el lomo al barro: una bondiola condimentada, envuelta en barro y cocida en horno por más de tres horas.

Bon Bouquet Crêperie. El food truck de los hermanos Martín e Iván Bouquet, chefs del restaurante Croque Madame, se especializa en la clase de comida que mejor conocen: la francesa. Trabajaron en España durante un tiempo, y en otros de sus tantos viajes, se empaparon del tema. El camioncito es una típica crepería parisina y lo atienden ellos mismos.

Nómade Comida Rica. Esta Chevrolet tan colorida y estampada con stencils pertenece a Ernesto Lanusse, hijo de la reconocida chef Dolli Irigoyen. Cuando Ernesto no está en Espacio Dolli, se dedica a su camioncito. Tiene un menú reducido que es todo un éxito. Se pueden encontrar sándwiches de berenjena napolitana, de roast beef o bondiola, y meatball sándwich, el clásico sándwich neoyorkino de albóndigas con salsa de tomate. La especialidad de la casa móvil es el min pao, como un bocadillo chino de pan cocido al vapor y relleno de hongos, ternera o cerdo.

Manduca. Con el objetivo de ofrecer productos de calidad a un precio accesible, Lucas Emilio Álvarez y Paula Forteza decidieron crear Manduca. Este camioncito de estilo parisino, inspirado en los food trucks europeos, con cocina de última generación, lleva ilustraciones de la reconocida Fernanda Cohen. El menú, elaborado en conjunto con el chef francés Christophe Krywonis, parte de productos cien por cien orgánicos, como la quinoa y el salmón. También hay ensaladas y rolls. ¿El destacado? El baguel de salmón.

El cafetero solitario

El fenómeno gastronómico que copa las calles de otras ciudades del mundo y la pantalla de los canales gourmet intenta avanzar en Buenos Aires, pero está a la espera de que una ley local les permita ofrecer sus cartas en cualquier punto de la vía pública

Carlos Soto llegó a la Argentina hace ocho años desde su México natal y desde muy joven se dedicó a la gastronomía. Luego de cerrar su restaurante en Palermo Chico, decidió invertir los últimos pesos en un food truck. Se aseguró de que eso fuera posible y se acercó hasta la Agencia Gubernamental de Control del Gobierno de la Ciudad. Le dieron el visto bueno, compró el nombre Coffee Avenue a unos jóvenes en Bélgica y comenzó la construcción artesanal de su Traffic con madera reciclada, lo que le llevó un total de seis meses y US$50.000. Pero una vez concluido el trabajo, desde el gobierno porteño le bajaron el pulgar, excusándose por un malentendido. Lejos de abandonarlo todo, desde principios de 2013 circula por lugares permitidos y concurre a todo evento que puede. No le va nada mal, ya que recluta fans que lo siguen por donde quiera que esté. Partiendo de un blend de 93 puntos de degustación, a base de tres tipos de granos colombianos, la cafetería se destaca por su línea clásica de espressos, ristrettos y cappuccinos. También, todas las bebidas de moda, como los lattes saborizados y los frappés para la época de calor. ¿Lo más elegido por los argentinos? El cappuccino. "Esto es llevar la pasión que tengo en mi vida a la gente, a las plazas, a la avenida Corrientes", dice Carlos. Los apasionados por el café no pueden dejar de buscarlo.

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